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domingo, 21 de junio de 2009

el patio de las perras VI (cristales de sal)

reventó en sangre, explotó por dentro, fluyó mi mami, coral de circo, madame corales. tres pistas desoladas entre pelos, perras y amoniaco.

madre descalza, mamita perdida la vista de estas mierdas, que ni ayudan, a la madre, que estrellada en el inicio, no comprende las bondades de mostrarse más serena entre la yesca, que no crece, anidada entre las hojas, que no crujen en el suelo en que no alumbran, los rastrillos, los aromas, de este humus, claustro brindis por el patio del que hablamos, al que mira, con los ojos, mientras tose, tose y tose, junto al mapo, que da alergia de tan sucio, pobre mapo, pues se cuenta de un veneno, que vecina, maliciosa le habrá dado, pero es cuento, y tan re sucio, mapochito ponzoñoso, se presenta con las toses de la madre, en este frío, que se ríe, del mal gusto, que supone, andar camote, en mitades olvidadas, en desiertos, en despidos, va tosiendo por colinas escarpadas, mientras ríe, como el polvo, entre los cerros, de salares que implosionan en el llanto de cholulas subfosales, que caminan por el patio, desterradas, de un encierro de otro lado, por el patio, por su vida, por las perras.

lunes, 11 de mayo de 2009

El patio de las perras I

yo no sabía que en el silencio de esta morada se esconden sombras, cuyas colitas, golpean torpes, lo que circunda por lontananza.

el patio es de las perras, las perras gordas, llenas de escombro y sierras de óxido, prensas de aceite, grasa de rejas, miedo a lo oscuro, a lo oscurito entre los escombros, al disculparse, terneras polvo, miedo de teta, como la mami, quizás que cosa, que le ha pasado, la pobre piedra, un poco podrida, sendas camadas, y ni pensar las que murieron agua, las pobrecitas, las inocentes, las tan sin culpa, el patio de las perras y el recuerdo olimpo de las tres partes y de su huella, que fue avisarme cuando se iba, esa mañana a langüetearme mientras dormía en la otra casa, bajo la lluvia, puñales ríos y esa tormenta, que es josefita, y es tanto miedo eso que suena, y era tan linda, la madrugada, tras la rendija por la que miras, que ni pensaba en el pobre viejo, mi viejo perro, que ya ni ladra tras la costilla desconocida, que no volaba, de tanto nervio, la sola risa en medio del barro, la turbulencia y el aislamiento, el deterioro, mosquita muerta que deambula, lo decadente, lo envejecido, que ya no entra en la calabaza, que es esta isla, que es este patio, son estas perras, y el pobre johni, que quizás dónde, entre los escombros, dejó este cuento, de los primeros, tomó sus bultos, por el mapocho, café con leche, que se nos viene, cada mañana, corriendo al metro, metro cuadrado, lleno de rejas y olor a aceite, entre la escarcha destos escombros, por los que mira, así que triste se va entumiendo, todo moreno por la calzada.